El incremento en el ancho de los botalones ha sido uno de los grandes saltos en la capacidad de trabajo de las pulverizadoras. Equipos con 36 y 41 metros de barral son hoy una postal habitual en nuestros lotes. Sin embargo, a medida que las alas se extienden, las leyes del movimiento empiezan a jugar un partido aparte que suele pasar desapercibido desde la cabina de la maquina.
El problema surge en el terreno. En botalones de estas dimensiones, existen dos situaciones cotidianas donde las pastillas de los extremos viajan a una velocidad completamente distinta a la del centro de la máquina:
Los latigazos u oscilaciones adelante-atrás.
Las curvas al esquivar bajos, seguir curvas de nivel o corregir pasadas.
En ambos casos, el extremo del botalón actúa como el brazo de una gran palanca: cualquier rotación o cabeceo del barral se multiplica a lo largo de los metros, haciendo que las puntas aceleren o frenen de golpe respecto al suelo.
1. El latigazo adelante-atrás: el sube y baja de la velocidad
Las huellas profundas, los desniveles del suelo y los tirones de la propia máquina sacuden el cuadro central. Si bujes o tensores longitudinales del barral tienen desgaste o juego, el botalón entra en un vaivén continuo, cabeceando hacia adelante y hacia atrás.
Pensemos en una pulverizadora trabajando a 16 km/h constantes:
En el latigazo hacia adelante (aceleración):
El extremo del barral se dispara hacia adelante sumando su velocidad a la de la máquina.
En un barral de 36 metros, la última pastilla puede trepar en una fracción de segundo a casi 28 km/h.
En un barral de 41 metros, esa misma punta roza los 29 a 30 km/h.
Como comptudadora sigue entregando el mismo caudal de líquido pensado para 16 km/h, al casi duplicarse la velocidad sobre el suelo el abanico parece debilitarse o perder densidad por completo.
En el rebote hacia atrás (frenado):
Inmediatamente después de acelerar, el barral vuelve hacia atrás como un resorte. La velocidad del ala se resta a la de la máquina.
En el equipo de 36 metros, la punta frena de golpe a apenas 4.3 km/h.
En el de 41 metros, casi se detiene sobre el suelo, bajando a menos de 2.7 km/h.
Al quedar la pastilla prácticamente parada descargando el caudal continuo, el volumen aplicado se multiplica drásticamente.
En menos de un segundo, la punta del ala pasa de una velocidad de carrera a estar casi clavada en el lote.
2. Los radios de giro: la velocidad en las curvas
A diferencia del latigazo, donde el ala va y viene rápidamente, en una curva la diferencia de velocidad se mantiene durante todo el viraje.
Imaginemos la máquina doblando a 14 km/h en una curva amplia de 50 metros de radio (por ejemplo, contorneando un bajo o una loma):
El ala exterior :
Tiene que recorrer un camino mucho más largo por fuera en el mismo tiempo.
En 36 metros, la punta exterior viaja a 19 km/h (un 36% más rápido que la máquina).
En 41 metros, llega casi a los 20 km/h (un 41% más rápido).
El ala interior :
Recorre un radio mucho más corto y se arrastra a paso de hombre.
En 36 metros, se mueve a menos de 9 km/h.
En 41 metros, baja a apenas 8.2 km/h.
Si la curva es todavía más cerrada, como al salir a una cabecera o acomodar la trompa en una pasada difícil, la punta interior prácticamente se frena mientras el ala de afuera vuela sobre el cultivo.
3. Llevado a los números del lote: ¿qué pasa si aplicamos 50 L/ha?
Para dimensionar el impacto real en el campo, bajemos estas variaciones de velocidad a una receta concreta: supongamos que calibramos la máquina para aplicar 50 L/ha.
Como las pastillas siguen entregando el mismo caudal por minuto pensado para la velocidad del chasis, cualquier aceleración o frenada en la punta altera los litros por hectárea en proporción directa a la velocidad real sobre el suelo.
En el latigazo adelante-atrás (con la máquina a 16 km/h)
Cuando el barral cabecea, la dosis en la última pastilla pasa de un extremo al otro en fracciones de segundo:
En el latigazo hacia adelante (aceleración):
Barral de 36 m (punta a ~28 km/h): La dosis cae a 29 L/ha (un 42% menos de producto).
Barral de 41 m (punta a ~29 km/h): La dosis se desploma a 27 L/ha (un 46% menos).
En el rebote hacia atrás (frenado):
Barral de 36 m (punta a ~4.3 km/h): La dosis salta a 184 L/ha (casi cuatro veces lo calibrado).
Barral de 41 m (punta a ~2.7 km/h): La dosis se dispara a 294 L/ha (¡casi seis veces la dosis programada!).
En las curvas y radios de giro (doblando a 14 km/h)
A diferencia del latigazo, acá la distorsión no dura una fracción de segundo, sino que se sostiene durante todo el viraje:
En el ala exterior (la que abre por fuera):
Barral de 36 m (punta a 19 km/h): Aplica de forma continua 37 L/ha en lugar de 50 L/ha.
Barral de 41 m (punta a casi 20 km/h): Aplica de forma continua 35 L/ha (un 30% menos de dosis en toda la franja externa).
En el ala interior (la que cierra por dentro):
Barral de 36 m (punta a 9 km/h): Aplica de forma continua 78 L/ha (un 56% de exceso constante).
Barral de 41 m (punta a 8.2 km/h): Aplica de forma continua 85 L/ha (un 70% más de producto a lo largo de toda la curva).
4. Las consecuencias agronómicas en el lote
Este desbalance de velocidad explica muchos problemas de campo que habitualmente se le atribuyen a otros problemas.
Franjas con escapes de malezas o fallas de control:
En las zonas donde el ala aceleró (tanto en el latigazo hacia adelante como en la curva exterior), la cantidad de ingrediente activo y la densidad de impactos por centímetro cuadrado no alcanzan el umbral mínimo de control. Esto se nota especialmente en herbicidas de contacto, graminicidas .
Fitotoxicidad y quemado de plantas:
En las zonas donde el ala frenó (en el rebote o en la curva interna), la concentración excesiva de producto frena el desarrollo del cultivo o deja acumulaciones de residuales .
Mayor deriva por viento relativo:
Cuando la punta de un barral de 41 metros se acelera a casi 30 km/h, el viento que choca de frente contra las gotas rompe la lámina de pulverización por cizallamiento. Esto genera gotas mucho más finas que quedan suspendidas en el aire y se pierden por evaporación o deriva.
5. Qué podemos hacer en el equipo
Controlar este fenómeno exige trabajar sobre dos frentes:
Puesta a punto mecánica:
Es fundamental revisar periódicamente el estado de los amortiguadores hidráulicos de desacople horizontal en el cuadro basculante, el estado de los buje. Un barral "flojo" o con amortiguadores descargados multiplica la violencia de los latigazos.
Tecnología de compensación en curvas (PWM):
En el plano electrónico, los sistemas de pulsado individual por boquilla con sensores de giro (giroscopios) representan la solución definitiva. Al detectar la velocidad real a la que viaja cada sector del ala, el sistema abre más tiempo las pastillas que van rápido y cierra las que van despacio, garantizando que los litros por hectárea se mantengan parejos desde el centro del chasis hasta la última punta del botalón.
¿Cómo funciona el PWM? La analogía de la canilla rápida
Imaginá que en lugar de regular una canilla para que salga un "hilo" de agua, pudieras abrirla y cerrarla por completo 10 o 15 veces por segundo.
Si la abrís la mitad del tiempo y la cerrás la otra mitad, al final del día habrás aplicado exactamente el 50% del caudal, pero el agua habrá salido siempre con la fuerza (presión) ideal.
Eso es lo que hace una válvula PWM: es un pequeño solenoide electrónico (como un "gatillo" ultra veloz) ubicado en cada uno de los picos. Este gatillo pulsa abre y cierra de manera constante:
Si necesitás poca dosis, el pico permanece más tiempo cerrado que abierto en cada segundo (por ejemplo, abre un 20% del tiempo).
Si necesitás mucha dosis, el pico permanece casi todo el tiempo abierto (abre un 80% o 100% del tiempo).
Lo mejor de todo: como la presión en la cañería no cambia, el tamaño de la gota, vayas a la velocidad que vayas.
Salvando las curvas: ¿cómo compensa los giros amplios?
Cuando una pulverizadora con botalón ancho (de 36 o 41 metros) encara una curva para esquivar un bajo o seguir el contorno de un lote, el ala de afuera "vuela" y el ala de adentro casi se clava en el lugar.
Acá es donde el PWM, aliado con sensores de giro en el botalón, hace magia a la que llamamos compensación en curvas:
El ala exterior va rápido :
Los sensores detectan que el extremo del botalón está acelerando de golpe. Al instante, la computadora le ordena a los picos de esa punta que se queden más tiempo abiertos (por ejemplo, al 90%).
El ala interior va lento :
En la otra punta, las boquillas casi no se mueven respecto al suelo. El sistema lo detecta y ordena a esos picos pulsar muy cortito (por ejemplo, quedarse abiertos solo un 15% del tiempo). Aunque la pastilla va muy despacio, como casi no se abre, la dosis se reduce al mínimo necesario .
Entre un extremo y el otro, la computadora calcula un "degradé" o escala de pulsos, de modo que cada boquilla a lo largo de los 40 metros del barral se abre y se cierra con el porcentaje exacto de tiempo que su velocidad particular requiere en ese preciso milisegundo.
Una aclaración importante sobre los cálculos de esta nota
Para analizar estos fenómenos, es clave hacer una distinción sobre el origen de los datos y cómo se trasladan a la realidad del lote:
Los latigazos adelante-atrás (un escenario estimado): Los números de velocidad y dosis que calculamos para el vaivén del botalón son estimaciones teóricas. En la práctica, el "latigazo" es un movimiento caótico, violento y sumamente variable que depende del tipo de suelo, la velocidad , el desgaste de bujes etc. Por lo tanto, esos valores sirven como una referencia estimada para dimensionar la gravedad del problema, pero en el campo cada segundo es diferente e impredecible.
Los giros en curvas (un cálculo casi real): En cambio, los datos que mostramos para los giros amplios son cálculos matemáticos prácticamente reales. En una curva, el movimiento no es caótico ni depende del azar: la computadora conoce al milímetro el largo de las alas (36 o 41 metros), sabe a qué distancia está cada boquilla del centro y mide con total precisión el radio de giro y la velocidad angular de la máquina. Al ser variables fijas y medibles, el desvío de la dosis en las curvas se calcula de manera matemática y se cumple casi con exactitud matemática en el terreno. Por eso, en los virajes, la compensación del sistema no es una aproximación, sino una respuesta exacta y real a las leyes de la física


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